impunidad
Terminé de rejuntar mis pedazos por la mañana, cuando me termine de ahogar en dolor, cuando el sufrimiento se comió todo, hasta mis pestañas, por que debía permitirle al la amargura hacer su trabajo, matarme por dentro, por fuera y de nuevo por dentro, por que no voy a permitir que esto se acabe sin mis lagrimas, sin que me duela en puta y sin que maldiga el día en que me enamore de tus estupideces. No pueden quedar impunes y sin ajusticiar las noches que soñé contigo, con tu tacto, con tu respiración y con tus aretes retorcidos, debo de acuchillarme el alma con poesía, con Ismael, quizá con Filio o con Sabina, con una cerveza fría, con un cigarro seco, con tinta que como sangre me baja de las pupilas.


Escribe un comentario