Milagro de su Espíritu
Cuando sus padres la bautizaron, quizá un poco ingenuos, desconocían la trascendencia, el poder y la mística que tallaban en su nombre. Los años no tardaron en generar conciencia y a ella no le gustaba mucho aquel nombre, y no es mera especulación una, tarde me lo confeso con seguridad y con un aliento de rencor con sus padres. Le da por reducirlo, primero pensé que era una forma de encontrarle mayor simpatía en cuanto a la melodía o la armonía que produce su pronunciación, la segunda tesis era la de ergonomía, puesto que es más rápido si se pronuncia o escribe medio nombre, incluso es pegajoso y fácil de recordar, pero luego de un par de conversaciones más caí en cuenta de un transfundo histórico, una idea convexa, nebulosa y mal arraigada nacida de su propia familia que tilda con odio su propio nombre, lo reducía para mimetizarlo, para convertirlo en otro y disfrazar esa pena que solamente ella se entiende, que no comparte y que se traga en grueso cuando lo escribe. La luz emana de su ser y solo es perceptible cuando se cierran los ojos. La brisa perfecta, las hojas en mi espalda, la gente camina de uno y otro lado a nuestro alrededor como sombras grises que poco importan. Sus manos en mi rostro, su cabello ahumado en cigarrillo, sus pecas que granizan en su piel como pringos finos de chocolate, ella es sencilla, mítica, como un libro con cerradura, yo estupefacto, creo haber topado con mi ángel, una bestia halada coronada con una aureola melancólica de trazos fuertes, pero que sin duda es un animal celestial, antagónico y a la vez isomorfo a éste que me veo por dentro, y no se si aún no aprendo a leer sus labios, pero creo que ella también a percibido el olor a pecado, ¿Quién soy yo?, presa o cazador. Indiferentemente el miedo a ser víctima o sicario genera un cosquilleo que no se acaba.
Cuando podré leer las páginas de esa historia, cuando se revelará su nombre con toda su bondad, podré sacudirle ese polvo, la soledad y el miedo, podré leer entre sus párrafos el Milagro de su espíritu.


Lo que hay detrás de la cerradura no debe ser visto… por eso está ahí.
Si logras leer una página, cuéntamela.
Yo sé su secreto.