Hace diez minutos no recordaba mi nombre
Hace diez minutos no recordaba mi nombre, y ahora que lo recuerdo desearía no haber vivido tanto tiempo. Entre las seis y veinticinco y las seis y veintisiete saqué un rato para meditar en mi existencia, el minuto siguiente lo avoque entero a recordar las cosas buenas de mi vida, y cuando ya no quedaba luz de sol en el cielo empecé a enlistar las decisiones que para bien o para mal me han traído hasta la tierra húmeda y llena de montones de monte en la que me senté a escribir esta noche.
Apenas suficiente la luz de luna se escurre en gotas que miserablemente iluminan el pedazo de papel en que escribo, la brisa no me hace bien, tampoco la humedad, pero poco me importa cuando estoy viviendo éste momento tan importante.
En una hora entera debo decir que el momento más importante pasa después de la primera media hora, y nunca antes, algunos pensarían que la primera mitad es más importante, es el momento justo cuando se empieza a disfrutar, el momento en el que queda más tiempo y uno podría hacer cualquier cosa con ella, en la primera media hora las oportunidades son miles, la presión es escasa y por alguna razón metafísica los minutos tienden a pasar mucho más lentamente.
Cuando ya se ha pasado ese punto crucial, el quiebre de los treinta minutos llega el delirio, y entonces sucede el acontecimiento más importante que un ser humano puede vivir en una hora completa de tiempo, con un esfuerzo motoro concienzudo pero impremeditado logra estirar los músculos que lo rodean desde la espalda hacia arriba y levanta la mirada al cielo, contempla ese infinito espectro luminoso que acaricia la pupila desde afuera y entra en razón de su insignificancia, entonces queda sólo media hora de tiempo.
Ya se termina, se acaba, muere minuto a minuto, segundo a segundo, y cada vez las unidades de tiempo corren a mayor velocidad, -¿qué he hecho?- la hora se me agota, no se si he trabajado lo suficiente para disfrutarla, ¿habrá valido la pena vivirla?, ¿sirvió para despertar sonrisas en los labios de algún otro ser humano? Quizá la desperdicié, pero queda media hora más de tiempo, ya no alcanza para tanto, y ya no es mediadora, han pasado once minutos con cincuenta y ocho segundos, cincuenta y nueve, veinte.
Se debe elegir, ¿continúo como hace ya casi cuarenta y cinco minutos o cambio de rumbo? Valdrá la pena cambiar de camino, ya he vivido tanto en estos minutos y los quince que me quedan son tan cortos.
Luego de doscientos noventa y nueve segundos más de cavilación el caos es incontrolable, intolerable, incomprensible y justo cuando a esta hora moribunda le quedan diez minutos más para exhalar el aire que le rodea, el cuerpo que no es inmune a su peso, decide somáticamente y de manera arbitraria borrar de la memoria todo lo que se encuentra, todo, hasta el nombre.


me encantó “hace diez minutos no recordaba mi nombre” me parece que es muy cierto ya que muchas personas no valoran el tiempo yo soy una de las persona que si lo valoro, valoro cada segundo de mi vida porque en un segundo cualquier cosa puede pasar y te cambia la vida por completo.